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lunes, 6 de abril de 2015

¿Hasta dónde corregir?

A estas alturas de mi aprendizaje como profesora de ELE puedo decir que una de las grandes dificultades que he encontrado ha sido la corrección de errores. Con esto me refiero no solo a cómo corregir sino también a qué corregir. Esta claro que al principio intentamos corregir absolutamente todo, incluso aquello que no se corresponde con el nivel del alumno y os aseguro, por experiencia, que esto es un gran error. ¿Por qué? porque no hacemos más que confundir al alumno, aumentando su inseguridad y sus dudas. De ahí la importancia de saber corregir a nuestro estudiantes y de aprendernos prácticamente de memoria los contenidos de cada nivel. Es aquí donde el PlanCurricular del Instituto Cervantes se convierte en nuestro gran aliado. Aquí os dejo un ejercicio que he corregido de un estudiante con un nivel A2. ¿Estáis de acuerdo? ¿Añadiríais o quitaríais algo? Espero vuestras propuestas. ¡Gracias de antemano!


sábado, 28 de marzo de 2015

La evaluación en el punto de mira

Entender la evaluación como una simple prueba para valorar, a través de una nota, los conocimientos adquiridos por el estudiante es sin duda un grave error, ya que estamos hablando de uno de los puntos clave en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Es gracias a ella que podemos comprobar la eficacia de dicho procedimiento y mejorar nuestra práctica docente, evaluando no solo al alumno sino también al proceso que estamos utilizando (la metodología, los materiales, el diseño curricular,la forma de evaluar, etc.) y a nosotros mismos como profesores. Podríamos definirla como la brújula perfecta para guiarnos a lo largo de todo el proceso de enseñanza, si sabemos dónde estamos podemos realizar los cambios oportunos para alcanzar nuestros objetivos. Las posibilidades de este instrumento no se limitan solo a la evaluación de los conocimientos sino que también permiten valorar otros factores como la participación, la motivación, el compromiso, etc.


Realizar una prueba fiable es uno de los grandes retos de todo buen profesor. Se trata de un proceso complejo en el que tenemos que tener bien claro qué es lo que queremos evaluar y en el que debemos seguir, de forma rigurosa, todos los pasos necesarios para poder lograrlo. Para ello no debemos olvidar que la prueba ha de ser:
  • transparente;
  • fiable, es decir, que evalúe lo que realmente queremos evaluar;
  • objetiva;
  • continua;
  • valorativa, lo cual no siempre equivale a poner una nota;
  • auténtica, debe reflejar lo que hemos dado en clase;
  • interactiva, tiene que tener en cuenta las características y las habilidades del alumno;
  • significativa por lo que tiene que servir de mapa tanto para nosotros como para el alumno, el cual tiene que poder interpretarla;
  • intencionada, es decir, que tenemos que tener muy claro qué es lo que queremos evaluar para poder definir muy bien los objetivos tanto para nosotros como para el alumno;
  • viable; y,
  • válida, con este último término hacemos referencia a la validez predictiva, del constructo, del concurrente y de la puntuación.

La falta de experiencia, de tiempo o de autocrítica muchas veces nos puede llevar a no cuidar la evaluación, a dejarla en un segundo plano (lo cual suele suceder sobre todo en las clases particulares) o a utilizarla únicamente como una herrmienta para valorar conocimientos relacionados con el curriculum. Es por ello que como profesores debemos estar muy atentos tanto al modo en el que evaluamos como a lo que estamos evaluando, es aquí donde entender a la evalución como parte integrante del proceso de enseñanza-aprendizaje nos ayudará a diseñar pruebas fiables y válidas que puedan servir tanto al alumno como a nosotros mismos.

lunes, 23 de febrero de 2015

El equilibrio de las microdestrezas

Para desarrollar la comprensión lectora, auditiva y audiovisual y la expresión e interacción oral  y escrita de nuestros estudiantes es necesario tener muy claro cuáles son las microdestrezas que tendrán que desarrollar y qué ejercicios son los más adecuados en cada caso. Conocer la gran variedad de propuestas y tareas que existen y saber aplicarlas en la clase ELE  es clave para poder focalizar el aprendizaje y para ofrecer actividades variadas orientadas a mejorar la capacidad de comunicación del alumno en la lengua meta, en este caso el español.

El problema es que aún hoy se siguen publicando y utilizando una amplia variedad de manuales ELE que relegan a un segundo plano ciertas competencias (como la comprensión auditiva y audiovisual) o que ofrecen actividades monótonas que tienen en cuenta solo el desarrollo de algunas microdestrezas. Por ejemplo, los ejercicios de práctica oral en la mayoría de los casos carecen de una escaleta detallada y se centran en la exposición de un tema y en el típico enunciado “coméntalo con tu compañero”. Sin embargo, está claro que no podemos echarle la culpa a los manuales de una negligente práctica docente. Somos nosotros como profesores los responsables de valorar la utilidad de las actividades y de mejorarlas o complementarlas según las microdestrezas que queramos trabajar y el perfil de nuestros alumnos. Dentro de este contexto, la creatividad y la capacidad de adaptación de contenidos reales o de recursos didácticos es clave para asegurarnos un equilibrio apropiado entre las distintas microdestrezas.

Como profesora de español puedo decir que hasta ahora los principales errores que he cometido al intentar poner en práctica las distintas destrezas han sido:

  • relegar la escritura a un segundo plano, con actividades para realizar en casa que consistían sobre todo en  escribir una redacción o un artículo para poner en práctica los contenidos gramaticales tratados en clase;
  • centrar la práctica oral en actividades para describir, opinar o contar experiencias;
  • no prestar atención a la entonación ni a los recursos y estrategias utilizados en la práctica auditiva y no dejar claro el para qué;
  • centrarme solo en el significado global o en la mera comprensión léxica y gramatical de los textos escritos. Ignorar por completo la organización, la cohesión y la lectura crítica, lo cual hacía que mis alumnos no fuesen capaces de escribir textos claros y estructurados, con ideas principales y secundarias bien estructuradas y cohesionadas.

En definitiva creo que la mejor forma de saber si estamos haciendo bien nuestro trabajo es analizar los resultados conseguidos. Es aquí donde preguntas como ¿qué hay detrás de las dificultades de mis alumnos? o ¿cuál es mi responsabilidad en todo ello? pueden convertirse en un buen punto de partida.